Lo que revelan con certeza los resultados de The Lancet
Durante décadas, la historia comúnmente aceptada sobre el alcohol representaba una curva en J muy reconfortante: supuestamente una proporción mínima prestaba ayuda al corazón y únicamente el consumo prolongado era causante de problemas de salud. Esa percepción colapsó en 2018, cuando un grupo liderado por Wood integró estudios en los que participaron más de 599.912 bebedores en 83 ensayos de larga duración, publicando los hallazgos en la prestigiosa revista The Lancet. El techo de mortalidad en todos sus análisis quedó fijado aproximadamente en los 100 gramos de etanol auténtico a la semana. Más allá de eso, cualquier incremento de 100 gramos se traducía en una pérdida rápida de años de vida y en un grave peligro de sufrir problemas cardiovasculares no vinculados sólo con los paros cardíacos.
El estudio de la Carga Mundial de Morbilidad realizado en 2020 fue todavía más drástico. Tras repasar datos de 204 naciones en una infinidad de grupos demográficos, la conclusión es que la ingesta saludable libre de deterioro para menores de 40 años sencillamente debería ser cero, siendo muy moderada sólo para los mayores que cuentan con deficiencias cardíacas. En paralelo, Zhao reveló a través de JAMA Network Open que los estudios anteriores que hablaban de beneficios contaban con errores sistemáticos; cuando la gente deja de beber alcohol, suele ser porque ya padecen graves enfermedades.
La síntesis absoluta de todo es contundente: el alcohol es una de las pocas variables donde una ingesta moderada todavía tiene el poder de sumar peligro constantemente y nunca se comporta como un salvavidas de salud.
